El lunes caí como treinta metros bajo tierra, lloré tanto que he llegado a pensar que me acabé las lágrimas de este año y el que viene. La tierra quedó húmeda y huele a lluvia, como de tierra roja, como en el campo.
No me pude levantar ni para buscar la máscara y ponérmela. No me la puse, hasta en la noche. Me lastimaban un poco las costuras pero sólo eran unas horas.
Creo que tanta lagrimita me deshidrató el cerebro y lo resecó tanto que hasta me dolió. Me dolió como si derramara algo por la nuca y mis oídos. Parece que la hormiga de las noches se estaba comiendo mi cerebro o quizá hizo su casita ahí, ahora está seco y cubierto de tierra.
Ayer sacudí mis ojos y nariz, les quité la tierra y unas cuantas hormigas que se quedaron afuera. Intenté levantarme, alcancé la máscara y me la puse sin problemas. Esas costuras son muy burdas, han hecho una ampolla en mi cara a lo largo y al rededor, pero casi no las sentí. Así que comencé a desenterrarme con ayuda de las hormigas, ya era de noche.
Hoy me puse la máscara con más facilidad y las ampollas son casi insensibles ya.
Casi estoy de pié.
I feel red, though, so kill me slow. I need a little green but I´m in love with yellow.
Wednesday
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