Caí en un río de lodo. Estoy sumergida en un espacio profundo de fango espeso en el que, entre más me esfuerzo por salir, más me hundo. La caída ha sido tan profunda y tan inesperada como lo es el fango. En medio de la selva Amazónica, aislado y solitario rodeado de tanta vida. Es un fango viejo y activado. Lleva años marinándose. Puedo sentir la fauna bacteriana liberando sus mieles sobre mi tejido muscular, abarcando rápidamente cada centímetro de mí para ser devorado. Si me hubiera levantado de la hamaca unos momentos antes hace doce años, hoy no estaría luchando contra mi propia fuerza bruta.
De pronto, me quedo inmóvil. Mis ojos se pierden en la orilla carcomida de una hoja enorme color manzana. Ha sido una hormiga. Tal vez un puño de ellas o un escarabajo hambriento que recorrió los límites de la planta. Tan viva, tan en su lugar. No hay razón para equivocarse. Ahí nació y ahí morirá. No tiene miedo, no quiere ver el mundo, no sabe qué hay más allá de su selva. No necesita entender su propia existencia, no quiere a nadie a su lado. No hay falla. Morirá y dará inicio a otra vida dentro del ciclo infinito de la tierra. Y ¿Si regresáramos un poco más el tiempo? Antes de que las hormigas se comieran la hoja. Un poco más atrás. Ese momento justo, ese instante en que perdí la fe. ¿La fe en qué? o ¿En quién? ¿Cuándo la tuve y cómo se alojó en mi cerebro? ¿Por qué la perdí?
Puedo reconstruir una y otra vez la escena de mi vida. El momento en que descubrí el dolor está confuso. El lugar y los ojos que me hicieron creer en la magia que habito lo tengo impreso en Polaroid. ¿Cuándo olvidé quién era? Puedo pensar en aquellas cosas que "yo creo" que me hacen ser "yo" pero, son utópicas y, mi falta de fe las sabotea en un instante. Y pienso... ¿Necesito creer en la utopía para recuperarme a mí misma? Si vuelvo a creer en la magia, en las maravillas y la perfección del Universo podría salvarme de la autodecepción irracional, acéfala. Es un posibilidad pero, ¿Cómo se recobra la fe en la magia cuando no puedo creer en las historias? Y ¿Si regresamos un poco más en el tiempo? Un poco más atrás.
¿Por qué estoy tan decepcionada de la única persona en la que debería creer ciegamente? Necesito lo psicotrópico que me da la meditación para no pensar en la debilidad humana. Para situarme en el ahora, en lo único que tenemos disponible y que sí nos pertenece. Necesito el entumecimiento del mantra más poderoso para convencerme de que no tengo tiempo, y que por tanto, no necesito un plan ni un objetivo. Solo necesito creer y esperar lo mejor. Ser buena persona y poner una buena intención en mis acciones diarias. Necesito que mi cerebro lógico se vuelva a hacer el muertito en el mar. Que disfrute la frescura del mar y la espuma de las olas. Inhala... Exhala... Un momento, ¿cuándo sucedió mi Budaísmo? Y ¿Si regresamos un poco más atrás? ¿Cuándo dejé de leer a Nietzsche y comencé a leer a Rajneesh?
Es la brújula. La perdí hace diez años ¿o más? La puse en el lugar equivocado y alguien se la ha llevado. Si no tengo una brújula ¿cómo le hago para seguir el camino? ¿Prendo los faros y solo sigo acelerando creyendo que hay camino más allá de lo que la luz en la carretera me permite ver? pero ¿hacia dónde? y sobre todo, lo que más me importa ¿para qué? No sé cuándo comencé a cuestionar mi existencia por primera vez. Según mi lógica quien te trajo al mundo debiera ser quien te diga para qué te trajo, pero mi madre nunca me lo dijo. Tal vez ni ella misma lo sabe. ¿Y si nos vamos más atrás?
No comments:
Post a Comment