El alma me volvió al cuerpo cuando escuché tu voz. Habían pasado cinco largas horas desde que te alejaste del pueblo.
Te esperaba parada junto a la puerta, mirando fijamente el horizonte; buscando en cualquier punto de la luz de la luna tu sombra,
tu blanco carruaje, grande y lleno de esperanza y amor.
Pero no llegabas, y mis ojos se inundaron rápidamente de mares y ríos. Pensé lo peor, y qué equivocada estaba cuando pensé que te quería, cuando pensé que eras lo más hermoso que jamás haya visto, pues ahora, al pensarte en algún extremo de este mundo, me he dado cuenta de mi estupidez.
No necesito perderte para darme cuenta de que tengo. No necesito saberme sin ti para sentir que sin un beso tuyo se me parte el alma.
He vivido equivocada, y hasta llegué a pensar que desde antes conocía el amor, y en verdad no estaba ni cerca de tocarlo, nunca estuve ni al borde de la raíz.
Hoy en ti, nací por primera vez. Hoy, en tus manos, mi corazón latió por primera vez.
Tal cual un día me dijiste tú: "si tan sólo pudiera arrancarme el corazón y dártelo en las manos".
Ahora siento la necesidad de amarte para sentirme viva y despierta, desvarío por tenerte aquí cada segundo que pasas lejos de mí.
Tengo rotos todos los esquemas, tengo destruidos todos los prejuicios, estoy acogida por todos mis colmos y me han dado vida todos mis miedos.
Ya no hay más en la búsqueda, ya no existe la búsqueda. Tengo rotos los ojos.
Sólo quiero vivir y que vivas, sólo quiero acompañarte en la vida, y siempre caminar así.
Yo también lo quiero, yo también te amo.
Yo también puedo cerrar los ojos y dejarme caer, sé que estás con los brazos abiertos esperando mi cuerpo en el aire.
Y cuando tú saltes de la curva de la derecha, estaré hasta el último rinconcito del extremo para atraparte.
Antes coincidía con Dalí, mientras más leía a Nietzsche más creía en Dios. Hoy, mientras más me hundo en el azul mar de tus ojos, más lo siento.
El alma me ha vuelto al cuerpo al escuchar tu voz, mis rotos ojos siguen lubricando de calma y mi respiración regresó a la tierra;
sigue latiendo príncipe, late más fuerte que ayer, late lo más que puedas, que yo estaré aquí para regalarte soles llenos de luz y de risas, y prepararte lunas llenas cada noche junto a mi almohada.
Seguiré manteniendo tus estrellas en el cielo y las haré brillar color amarillo, siempre amarillo.
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