A mis brazos oscuros, tengo miedo. Voy a soltarte; voy a soltarte rápido para que sea de golpe, y correr lo más lejos que pueda.
Luego te diré dónde estoy, y esperaré a que vengas a buscarme; y si vienes, me voy a alejar un poquito más para decirte la verdad de lejitos, y entonces, si decides quedarte te regalo todo.
Pero si no vienes cuando salga corriendo de tus brazos, habré dado gracias al cielo por haber salido corriendo, y habré escupido al suelo por el momento amargo, no me lo tragaré.
No me volverás a mirar, ni yo a ti.
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